Marelle, de Julio Cortázar

“Marelle” es la primera novela del escritor argentino Julio Cortázar que leo. Entonces, este libro constituido de forma laberíntica necesita toda la atención del lector. De hecho, la historia no es en absoluto lineal y es requisito no concentrarse para perder el hilo… Dividido en tres enormes partes compuestas de pequeños capítulos mixtos, el texto de Julio Cortázar cuenta la historia de diferentes individuos nihilistas, hedonistas…

Horacio Oliveira y La Sibila pertenecen a un grupo de amigos que deambulan, más que nada en París. Así, estos últimos están y filosofan sobre la literatura, la pintura, el jazz y todo lo que hace la vida, pero también la desaparición. Además, nuestros bohemios (bobos) viven instantes de alegría, mal, amor… Y nos conmueve lo que les pasa. Reina una atmósfera de independencia, pero también de abandono, de ligereza. Me agrada ese tipo de libro con una atmósfera extraña que te hace sentir mal. Con sus historias sorprendentes, comunmente pienso en los individuos que dejé, con melancolia.

En la segunda parte del libro, Horacio Oliveira, tras un desafortunado hecho, deja La Sibila y sus amigos parisinos para buscar otros en Buenos Aires. Estos últimos se parecen a la vieja pareja parisina. Nos encontramos metidos en otra historia, en otro mundo… Pensamos en París y deseamos entender qué pasa con nuestros amigos del otro lado del océano. Echaba de menos el personaje de La Sibila, al que me apegué, quería hallarla. Horacio Oliveira también piensa en sus amigos de París, en lo que está pasando allí. Desde luego, no dice nada, pero eso es lo que sentimos al leer. Por supuesto, no puede ser de otra forma. ¿Quién no ha vivido este instante en el que te encuentras lejos de tus amigos? En esta clase de ocasiones, uno se siente melancólico y feliz de vivir novedosas aventuras. De hecho, la vida en Buenos Aires es atrayente, también nos apegamos a los nuevos individuos. No obstante, sin importar todo persiste una carencia…

“La más grande cualidad de mis ancestros es estar muerto; espero con modestia pero con orgullo el instante de heredar esta virtud de ellos. Tengo amigos que no dejarán de levantarme una escultura donde me representarán recostado estupefacto sobre un estanque donde habrá auténticas ranitas.

En la tercera parte del libro, la más corta, pero también la más desestructurada, podemos encontrar por último a Horacio Oliveira y La Sibila. Los capítulos son concisos, algunas veces son de escasas líneas, hay citas de artículos de prensa o de autores como Antonin Artaud, Georges Bataille, Malcolm Lowry, Anaïs Nin y varios otros. En su más grande parte, los escritores citados son también esos a los que amo y que me hablan.

La composición y las varias referencias hacen de “Marelle” una novela difícil de leer, pero el hecho es que la historia es atractiva. Lo que digo puede escucharse paradójico, pero eso es precisamente lo que sentí. Me subyugaron los individuos y me desconcertó la construcción del libro. Por último, “Marelle” no es una fácil novela que cuenta una historia, sino también un ensayo sobre diferentes maneras de arte, pero también sobre la vida. Cuando digo esto, pensamos en el libro “À contreours” en el que Joris-Karl Huysmans repasa sus proyectos y tendencias artísticas preferidas. No obstante, ámbas novelas no son en absoluto lo mismo.

¿Quién ha experimentado esta clase de sensación después de leer un libro? ¿Quién ha leído a Marelle? ¿Qué te pareció? ¿Qué hay del creador, Julio Cortázar?

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